Este blog no es apto para progres.

lunes, 28 de julio de 2014

Querido intelectual contemporáneo

Querido intelectual contemporáneo:

Todos sabemos que ser progre paga muy bien. Serlo es sin duda una elección racional. ¿Quién querría suicidarse antes de comenzar su carrera? Nos queda claro que nadie, mucho menos si aspira a algo importante: sea la literatura, el cine o un nicho en los periódicos y en los programas de opinión. Me temo, sin embargo, que esta afirmación le pueda parecer un tanto ofensiva. Lo más seguro es que yo me esté equivocando y que usted no sea un progre por conveniencia, porque tiene que hacerlo para encajar en el sistema y porque de esa manera se llevará los aplausos tanto del público como de sus congéneres, sino porque está realmente convencido y tiene un fuerte compromiso social.

Si ese es el caso, usted es un héroe y no me queda más que aplaudir su honestidad intelectual. Está claro que ese es un valor en sí mismo, tal y como siempre dicen de Ernesto Guevara: fue un poco sanguinario, pero vivió de acuerdo a sus ideales; qué gran hombre. O también piense en Pablo Neruda, el poeta sentimental chileno que aplaudía el régimen del nada sádico Stalin. Tal vez dicha ideología fue un poco perversa, pero eso no importa porque esos dos y tantos otros eran idealistas, querían un mundo diferente. El romanticismo es siempre un atenuante a la hora de defender doctrinas disfuncionales. Esto, claro, solo aplica a la izquierda y no es el caso en la derecha. Por ejemplo, al pobre Knut Hamsun, Nobel de literatura, jamás le perdonaron que fuera simpatizante de Hitler, ni a Ezra Pound que fuera fascista. Ya sé que me estoy yendo a los extremos. Tampoco crea que estoy sugiriendo que usted es un comunista. Nada más quería mostrar que muchos intelectuales y artistas tienen ideales con los que siempre son consecuentes, aunque solo a algunos se les aplauda. Sospecho que si tenemos algún buen recuerdo de esos escritores de la derecha es porque surgieron en una época distinta, cuando se podían garantizar un espacio en las estanterías y en los medios sin tener que responder a la exigencia de los discursos bienintencionados del progresismo.

¿Seré muy insidioso si le pregunto, querido intelectual contemporáneo, si en la actualidad un joven Knut Hamsun tendría espacio en el mundo de las artes? Tiendo a pensar que no, que lo bloquearían porque su opinión es incomoda —no como la de un tibio, onda Vargas Llosa, que es soportable, sino como la de alguien que está por completo fuera del sistema—, pero eso debe ser porque soy un reaccionario.

Lamento las referencias literarias, porque al parecer en esta época vale como intelectual un actor o un productor de teleseries dizque muy polémicas (si son de narcos o políticos corruptos mejor y tienen un par de homosexuales, eso suma puntos). Volvamos al tema que me interesa, que es el de la intelligentsia y el progresismo. Lo que el público quiere escuchar es que —por decir un nombre— Gael García opine sobre temas económicos o una Ana de la Reguera nos dé su visión sobre la política fiscal. Basta con que el personaje sea muy crítico, muy contestatario, muy políticamente correcto, muy amigo de la diversidad, muy altermundista, muy del pueblo, y si es blanco mucho mejor, porque entonces así estará expiando los pecados originales de su raza. 

Hace poco, a propósito del mundial, vi unos tuits bastante curiosos de un escritor mexicano al que admiro. Fue un día horrible. El equipo nacional se relajó y le entraron dos goles, uno de ellos mediante un penal dudoso que trajo nefastas consecuencias: que los mejicanos de internet, tan sagaces y graciosos como siempre, nos sodomizaran virtualmente por semanas con el mantra del "no fue penal". En ese contexto, cuando la selección fue eliminada de los octavos de final, una aerolínea holandesa publicó el siguiente tuit: 
Akari y el moe al servicio del racismo.
El gran escritor tuiteó por dos horas que ese chiste gráfico era racista (quizá porque el sombrero es genético). También a las protestas se sumó Gael García, que amenazó con jamás volar en la aerolínea, poniendo en jaque la economía holandesa que depende de los ingresos de un actor. Supongo que usted, como intelectual contemporáneo que es, también se sintió ofendido (y eso que dicen que los meshicas saben burlarse de sí mismos) y dejó de comprar tulipanes. Lo felicito, está usted comprometido con su país. Aunque hay algo que como reaccionario no me termina de cuadrar. ¿No eran ustedes, los intelectuales contemporáneos, los que se habían comprado la falacia de Lewontin? O es que yo no estaba enterado de que los mexicanos eran una raza. Supongo que los guatemaltecos serán otra. En fin, eso no es lo importante. Ustedes son muy progres y lo que importa no es la certeza sino los sentimientos.

Seré sincero, que se me acaba el espacio y esto se vuelve cansino. No creo que usted sepa muy bien lo que significa racismo, incluso si su profesión está relacionada con las letras. Siempre que algo lo moleste y desentone con los lineamientos de la narrativa de la que hace eco, puede invocar este tema y así sentirse satisfecho consigo mismo por ser un verdadero luchador social. Todos lo van a aplaudir aunque no tenga ni idea de lo que está hablando. Y aquí dejé de referirme a un solo tema. Lo que pienso, querido intelectual contemporáneo, es que usted no tiene mucha idea de nada, pero a cambio de eso sabe muy bien qué decir acerca de todo. Con eso es suficiente para garantizarse su nicho, al fin que el discurso del progresismo es muy sencillo, por no decir burdo. La idea es quedar bien, ser muy progre, muy buena onda, muy políticamente correcto. 

Usted ha elegido ser un buen intelectual contemporáneo y lo hace muy bien.

jueves, 24 de julio de 2014

Señorita Rand, un progre me dijo que soy de derecha. ¿Qué hago?

15:33 Posted by Cronos 1 comment
Como parte de las novedades en Expresión reaccionaria les traemos una sección imperdible: El consultorio de la Señorita Rand, en donde Ayn Rando-sensei contestará sus dudas, no importa si son liberales clásicos confusos, libertarios vulgares, progres o incluso nazis. Este es un espacio abierto al diálogo. Sin más los dejamos con la pregunta del día, que nos llega desde algún rincón de Facebook:

Señorita Rand:

Mi nombre es Ramón Bastiat Libertad y, como todos los días, estaba yo defendiendo la libertad en Facebook. Ya sabe, compartiendo citas suyas y de Rothbard. Entonces sucedió algo que hasta el día de hoy me afecta. Tuve un debate con el administrador de una página de left libertarians y anarcoindividualistas. Creí que podría llevarme bien con ellos. Es decir, nosotros creemos en lo mismo, ¿no? Libertad de mercado, libertad personal, propiedad privada, amamos la diversidad, somos ateos y, sobre todas las cosas, odiamos al estado (lo odio tanto que lo escribo con minúsculas). Pero, después de bloquearme de su página por sugerir que Israel no es tan malo, publicó un estado en el que se nos acusaba a mí y a mis amigos de ser "libertarios de derecha". ¿Cómo es eso posible? No sé qué pensar. ¿Acaso hice algo mal? Yo no soy de izquierda ni de derecha, soy libertario. ¡El gráfico de Nolan me lo dijo! Ayúdeme, por favor.

Siempre suyo, Ramón Bastiat Libertad.


Estimado Ramón Bastiat, ¿has pensando que todos queremos sentirnos especiales? Es un poco bochornoso recordarlo, pero hubo un tiempo en el que yo pensaba como tú. Ya sabes cómo es la vida: una escapa de un país totalitario y, en el barco de camino a Estados Unidos, tiene la idea de crear una nueva ideología. A mí se me ocurrió algo así como un liberalismo secular, pero pensé que eso no tendría punch. El resultado lo conoces. Pasé largos años desgastándome, diciendo que lo mío no era liberalismo, sino objetivismo. ¿Y todo para qué? Para que los zurdos y el mundo entero me siguieran llamando derechista. Me cansé de eso, así que ahora lo acepto. Por eso decidí colaborar en este blog de conservadores y reaccionarios.

No dudo que seas un buen chico, como lo son también esos que escriben en la Metapedia y que dicen que no son de izquierda ni de derecha sino todo lo contrario. Da igual, para la prensa y hasta para ti seguro son miembros de la extrema derecha. Es normal que consideres que solo tú eres especial, que has reinventado algo, que estás por encima de la geometría. Seguro pensarás algo como: ¡Vete al carajo, Euclides, y llévate contigo tus nociones lineales, porque yo soy un ser diferente, original, novedoso! ¡Lo de hoy es la geometría política parabólica y, te aseguro, pronto conquistaremos los espacios hiperbólicos también! Además, ¿cómo podría haberse equivocado Nolan en su asignación de coordenadas? Es tan objetivo poner el libertarismo encima de todo. Y mira que te lo digo yo, que si de algo sé es de objetividad.

Tienes varias opciones. La primera es ser racional y aceptar que, quizá, el liberalismo es una ideología de derecha que siempre ha encontrado sus mayores coincidencias con el conservadurismo tradicional (el de Burke, no el de los republicanos de hoy en día). La segunda es seguir sintiéndote especial y negar en todo momento tu filiación con ese sector malévolo. Seguramente algún día convencerás a zurdos y progres de que eres un chico diferente y único. Ya sé que los liberales tibios y timoratos no lo han conseguido en dos siglos, ¿pero quién te asegura que mañana no será el día en que todos cambien y acepten que tú no eres ni de derecha ni de izquierda sino todo lo contrario, de la misma manera en que les hacen caso a los fascistas actuales que aseguran lo mismo que tú?

Claro que si tanto te incomoda que te digan derechista, incluso si eres un marxista cultural que vive tratando de ganarse una palmadita en la cabeza por parte de los progres, te tengo una sorpresa. Para empezar este nuevo programa del Consultorio de la Señorita Rand, hemos decidido regalarte una nueva ideología (o regresarte a tus orígenes). ¡Sí, Ramón Bastiat Libertad, ahora, como puedes ver en el siguiente gráfico, sin duda más preciso que todos los que habías visto antes, eres de extrema izquierda!


miércoles, 23 de julio de 2014

Expresión reaccionaria

12:19 Posted by Cronos 7 comments

Hubo un tiempo en el que me tomé muy en serio el libertarismo. No solo gané varios concursos de ensayo sobre temas liberales, los monopolicé por cuatro años seguidos. También, mientras estaba en el sótano de mi casa, adorando como siempre a algún personaje de anime, junto con otros libertarios de internet se nos ocurrió la idea de iniciar un movimiento en México. Algo así como la Ron Paul Revolution pero más charra, al menos en intención. El volverse un joven activista del libertarismo parecía la culminación de algún sueño pueril que tuve por allá del 2006, cuando descubrí que había algo más que las ideas socialdemócratas. Fue por eso que un año más tarde, en 2007, lancé el blog Expresión liberal. La idea, aunque bienintencionada, no era para nada original: buscaba convertir ese espacio en una bitácora genérica que sirviera de referente para el liberalismo en México. Por suerte llegó el 2012, con todos los disturbios asociados a la toma de poder de Peña Nieto, para darme cuenta de que ya llevaba mucho tiempo harto del libertarismo.

Digo libertarismo porque considero injusto meter en el mismo saco a esos personajes y a los liberales y conservadores clásicos. ¿Quiénes son ellos? Si usted es un liberal o incluso un progre extraviado en esta página seguro los conoce: individuos de internet que en las redes sociales aliñan sus nombres con los apellidos de liberales famosos —Rothbard, Bastiat, Mises— y que por avatar llevan la foto de uno de esos intelectuales o de una serpiente o un puercoespín; sujetos cuyo único argumento es gritar ¡NAP! ante cualquier provocación y acusar de estatista a todo mundo; personas que llenan su perfil de Facebook y su cuenta de Twitter con citas y estampitas de, quién más, los inefables intelectuales antes mencionados. Haga de cuenta que son como los metaleros que no paran de invocar a Vikernes en sus muy autóctonos nombres anahuacas, así de ridículos.

No me habría distanciado de ellos si el problema fuera solo una foto de perfil o un nombre. Debe haber una razón válida. Son tres, aunque están incluidas en el mismo paquete. La primera es que me di cuenta de que la gran mayoría de esos libertarios vulgares odian más al Estado de lo que aman la libertad. El ejemplo perfecto es la actitud suscitada a partir de los disturbios del primero de diciembre de 2012: muchos de estos personajes se pusieron del lado de los vándalos. La segunda es que me harté de suavizar el hecho de que siempre he sido un conservador. La tercera es que tanto libertarios vulgares como muchos liberales clásicos que respeto han cedido a la llamada de Cthulhu.

Tomo prestada la metáfora lovecraftiana de Mencius Moldbug, lord sith del movimiento neorreaccionario, porque es conveniente cuando se toma en cuenta que los liberales ya invocaban a otra criatura mítica para referirse al gran Estado. Me refiero al Leviatán. Nuestro monstruo es mucho más grande: no solo es una abominación marina, es una deidad. ¿Cuál es el llamado de Cthulhu? El progresismo. Es decir, tanto libertarios políticamente correctos, conservadores mainstream y por supuesto todos los sectores de la izquierda, avanzan hacia la dirección que Cthulhu les marca: la izquierda.

No hace mucho logré algo que me propuse: que un libertario vulgar me llamara reaccionario. Fue gratificante porque mostró la verdadera cara de ese movimiento. De nada sirve hacerle concesiones al progresismo y a sus causas. Ni una sola. Mucho menos es sensato jugar en su cancha o en sus términos. De ahí que el grito de reaccionario no me incomode. Por eso también el nombre del blog. Y si alguien buscaba solemnidad o grandes desarrollos teóricos, espero que la imagen que encabeza esta introducción eche por la borda sus ilusiones. Después de todo nadie debería tomarse demasiado en serio el internet.