Este blog no es apto para progres.

viernes, 10 de abril de 2015

De la inutilidad del debate

16:44 Posted by Cronos 2 comments

Recientemente un progresista de Holanda decidió debatir conmigo a propósito de una reseña que hice en Goodreads acerca de ese panfleto de poca monta, pero que tanto ha calado en la academia y en Tumblr, sobre el privilegio blanco. El sujeto en cuestión invirtió una hora o más escribiendo su contraargumento, con datos, gráficas y todo, solo para encontrar una hora después que su comentario había desaparecido. Para desgracia suya, de toda la izquierda, de la mayor parte de los sectores libertarios e incluso de varios otakus (no soy conocido en el séptimo estilo por interesarme en las opiniones de los demás acerca del moe), hace cosa de dos años que yo renuncié por completo al debate.

Idealismos aparte, por lo general debatimos no para cambiar nuestras ideas sino para reforzar nuestras convicciones. Lo más sensato, en ese sentido, es asumir que el contrario no es alguien a quien le interese adoptar las ideas de uno. Quien entra al campo de batalla con ganas de caer ante el otro es porque o se trata de un suicida o de un imbécil. Hay algo noble, nos dice nuestra cultura democrática, en el intercambio de ideas y el diálogo entre los que piensan distinto. Tal vez sea cierto para muchos, pero es claro que para mí no. Debatir, sobre todo en internet, consume tiempo y reditúa muy pocos beneficios.  

Cabe la posibilidad del desencanto de las ideas propias. Si ese es el caso, existen mejores medios para revalorar las ideologías —los libros o este blog, por ejemplo—. Pensemos en un valioso concepto que nos ha dejado la ciencia económica: la división del trabajo. Diferentes personas cumplen con distintos roles en la sociedad. Hablando en estos términos, están aquellos que proveen información y los que la reciben. No debería extrañar a nadie que, desde hace un tiempo, yo me dedique únicamente a escribir ensayos que no necesito defender (ya que la mera argumentación debería bastar) cuando quiero ser serio al respecto de ciertos temas. Hay una razón por la que algunas personas se dedican solo a desarrollar y transmitir información. Se trata de un talento que no todos tienen ni pueden adquirir. El hecho de que dos personas compartan las mismas ideas no las convierte en iguales. Uno tendrá una mejor pluma para ponerlas por escrito. Si esto no fuera así, entonces todos serían excelentes escritores. Pero así no funciona la naturaleza humana: nunca fuimos una especie destinada a la igualdad ni de condiciones ni de resultados. De ahí que los reaccionarios reconozcamos las jerarquías, con todo el narcisismo que esto conlleva.

No es difícil adelantarse a los argumentos del contrario. Aquellas personas como el holandés a quien le borré el comentario seguramente pensarán que lo mío se trata de cobardía. Yo lo llamo simple pereza. Pero no importa cuál sea la verdad: el tulipán no cambiará de ideas y yo no perderé el tiempo intentando convencerlo de que se equivoca. Hay cosas más productivas por hacer, y lo cierto es que todo ese anime no se va a ver solo.

martes, 27 de enero de 2015

Syriza, equidad de género y la derecha disfuncional

17:38 Posted by Cronos , No comments

Ya no solo es patético, es de risa. Los comunistas griegos de Syriza no tardaron en sorprender al mundo con la más terrible de las noticias. No estamos hablando de su programa económico ni del desplome en los mercados financieros a raíz de la llegada de los rojos. Se trata de algo mucho peor: la falta de mujeres en el gabinete de gobierno. No es que esa sea una novedad. Aunque la señora Luxemburg cacareara demasiado en sus tiempos y sus viudos la reivindicaran en toda oportunidad, lo cierto es que al comunismo siempre le gustaron más las barbas y bigotes tupidos. Lo que ya se ha vuelto ridículo no es la actitud de la izquierda, sino la de esa derecha disfuncional que no se ha tardado en poner el grito en el cielo al enterarse del exceso de testosterona en los puestos de poder.

Queda clara una cosa: al conservador disfuncional le encanta ese juego que hasta entonces era reservado solo para los zurdos; se llama “yo soy más progre que tú”. Apto para los necesitados de atención y los que quieren quedar bien con la sociedad de los modernos, este juego es tan sencillo que apenas se necesita repetir una frase hecha al gusto de la izquierda. El objetivo es ver quién de los participantes es el más comprometido con la equidad, que a su vez se trata del valor más importante en el mundo. Sin embargo hay un inconveniente: este no es un juego del todo justo, porque incluso si el conservador lo gana tiene que perder. Eso, sin embargo, no es impedimento para que nuestro conservador contemporáneo siga insistiendo con la esperanza de que algún día alguien lo tome en serio.

No sorprendería que un hashtag como #SinMujeresNoHayDemocracia fuera utilizado por los guerreros de la justicia social de siempre —el empujar la equidad forzosa de género es parte de su agenda—, pero sí resulta cuando menos cómico que los anticomunistas se subieran en masa a ese barco. Alguien dirá: no seas idiota, no lo hacemos porque en realidad apoyemos las cuotas de género, nuestra intención es demostrar la hipocresía de la izquierda. Eso se entiende, pero en este juego los motivos se vuelven irrelevantes a la luz de un hecho ridículo: esa necesidad patológica de la derecha disfuncional por validar moralmente las ideas del progresismo, haciéndolas ver no solo deseables sino necesarias para la sociedad.  

miércoles, 7 de enero de 2015

Apuntes sobre la muerte de occidente: Atentados islamistas en Francia


Sucede a veces que no es a los conservadores sino a los progresistas a quienes les explota en la cara la pirotecnia que ellos mismos ponen frente a sí. No habría que sorprenderse por las noticias acerca del terror, después de todo este es el mismo occidente que, en aras de las sonrisas y las buenas intenciones, hace décadas que camina hacia el desfiladero. Un día un novelista publica una ficción acerca de una Francia en la que un musulmán gana la presidencia, al siguiente la élite intelectual lanza sus ataques en contra del escritor, pocos días después, al grito de Alá es grande, un grupo de inmigrantes, seguramente con una ciudadanía que se les otorgó ciegamente, se plantan frente a las oficinas de una revista progresista de sátira y matan a una docena de personas, periodistas y policías incluidos. 

De nuevo: no nos alarmemos, esto es occidente. Un occidente que, cargando el fardo de una absurda culpa autoimpuesta y acusado por unas ansias suicidas, parece más preocupado por la creciente popularidad de alguna política de derecha que ha hecho su carrera advirtiendo sobre los problemas de la inmigración masiva, que por los ya comunes actos de violencia que a modo de hobby perpetran los mahometanos. El novelista que causó escándalo por su novela de tintes proféticos, Michel Houellebecq, ya lo advertía: Le Pen podrá parar la inmigración, pero no la islamización de Francia. 

No hay que desestimar el hecho de que las víctimas fueron los biempensantes. La misma publicación de poca monta que incurrió en el error de provocar a sus huéspedes por medio de una caricatura que ridiculizaba al profeta, hacía lo propio con la figura central del cristianismo. Mientras que los de la media luna no han escondido la cimitarra, hace mucho tiempo que los creyentes en Jesús olvidaron cuando Él proclamó: No he venido a traer paz, sino espada. Véase la patética reacción de un periódico estadounidense, censurando la imagen que desató la ira de las bestias por temor a la ofensa de los salvajes. No hace falta recurrir al imaginario heroico de los cruzados para entender el sentido de la sentencia que aparece en Mateo 10:34. Hay un abismo entre dar la otra mejilla y ofrecer la yugular al enemigo. 

No es un asunto solo de fronteras. La paranoia de los occidentales es tan grande que más vale no proclamar el diagnóstico correcto, porque de hacerlo se corre el riesgo de ser declarado anatema en la religión del progresismo. Sonarán los balazos, estallarán las bombas, pero los que ya tienen su nicho de poder y una narrativa fija, basada en el concepto tan europeo de la tolerancia patológica, no pedirán una reconquista moral y cultural para su continente. Esa no es posibilidad en la civilización de los que mueren por garantizarle a otro el derecho a destruirlos.